Arte y Diseño
Leo Vinci en el Museo Sívori
La contundencia y la fuerza de las obras que el artista presenta en estas salas enfrentan al observador con lo más existencial del ser humano; con el aquí y el ahora. Porque Leo Dante Vinci es un escultor de hoy atravesado por las cirscunstancias que le tocó vivir. La figura humana es el eje central de su obra y, si bien necesitó acercarse a la realidad, en la época más dolorosa de nuestra historia, en sus últimos trabajos buscó trasmitir la fuerza vital de la materia, despojándose de la figuración directa, pero sin perder su esencia.
En el patio central nos recibe una de sus esculturas mas recientes,
“Deterioro y vuelo” -un cemento directo con un toque de color-, que nos
remite directamente a la Victoria alada de Samotracia, custodiada por
dos enormes cabezas talladas en mármol. Estas, igual que las enormes
“cabezas de fin de siglo” nos hablan del hombre agredido por sus
circunstancias; del hombre fragmentado y de su dificultad de encontrar
su propio horizonte.
Muchas de las obras de Vinci están talladas en mármol y en madera y
muchas otras fueron realizadas en bronce, poliéster o chapa de hierro
batida. En él, el cambio de material no está en función de la obra sino
de su propia necesidad física de trabajar cada material en determinado
momento. Cada uno tiene sus propias leyes y Leo Vinci disfruta del
diálogo que se establece con cada uno. A veces necesita modelar la
arcilla, otras tallar con la gubia y otras tantas necesita sentir el
poder de la sierra.
Así el artista, que nació en esta ciudad en 1931 y que en 1987 obtuvo el
Gran Premio de Honor en el LXXVII Salón Nacional de Artes Visuales, se
presenta una vez más a la consideración pública, en una muestra
auspiciada por la Dirección General de Museos de la Ciudad de Buenos
Aires, que editó para la ocasión un completo catálogo, en papel
ilustración, con la reproducción de 29 esculturas y 11 pinturas, una
sinópsis biográfica y el revelador prólogo del académico Jorge Taverna
Irigoyen.
En esta oportunidad las esculturas expuestas abarcan un amplio período,
que se inicia en 1973 y concluye en 2011, y que comprende trabajos
realizados en chapa de hierro batido, bronce, acrílico, madera, epoxi,
poliéster, cemento y mármol, demostrando su vasta pericia en las
técnicas y materiales más diversos. De las más antiguas se pueden citar:
“Emergiendo” (1977), un estremecedor bronce de dos metros de altura, y
“Ofrenda” (1981), un acrílico que reproduce una figura masculina de
igual medida y desgarradora actitud. La madera que le valiera el Gran
Premio de Honor en 1987 –“Decisión”-, constituye otro de los hitos
destacados de esta exhibición. Asimismo, las piezas que evocan partes
desgajadas del cuerpo humano configuran síntesis que no les van en zaga,
tanto en intensidad como en lo que concierne al lenguaje plástico con
el que fueron concebidas. En ambos aspectos, resultan destacables
“Costura” y “Espiando el siglo XX”, maderas realizadas en 1993 y 1996.
Esta breve reseña –personal y probablemente injusta- no puede dejar de
mencionar tres cabezas realizadas en poliéster (“Atravesado”, 1999),
cemento (“Caos”, 2000) y mármol (“Tres Miradas”, 2001) y, para
finalizar, debemos destacar la estilización -con extraordinaria
economía- con la que abordó la representación figurativa en los últimos
años. Son buena muestra de ello: “Espera” (2005), “Licuación”(2008) y
“Deterioro y Vuelo” (2011); madera, mármol y cemento, respectivamente,
de grandes dimensiones.
Las pinturas son todos acrílicos realizados entre 2009 y 2011, señalando
–quizás- la última preferencia de Vinci. Las imágenes, inicialmente
escultóricas, van adquiriendo paulatinamente una significación más
acorde con la representación pictórica, sin por ello abandonar la
fragmentación y el lenguaje sintético que ha caracterizado sus últimos
trabajos. Una cierta ambivalencia y el juego “del arriba y el abajo” son
claves en las que incursiona recurrentemente el pintor.
Leo Dante Vinci es un artista cabal, significativo, polifacético, que
muestra una dilatada trayectoria, tan llena de premios como de
vicisitudes adversas, como la que le tocó vivir cuando fue dejado
cesante como docente en 1976 por la dictadura militar. Sin embargo, no
temió y su actividad recogió la memoria de las víctimas del terrorismo
de Estado. Esta exposición es una buena circunstancia para acercarse a
la obra de un hombre que asumió conscientemente su destino.
Para Leo
Vinci, esculpir es un verdadero sacrificio, pero un sacificio en el
sentido estricto de la palabra; el Sacro Oficio u Oficio Sagrado que no
es otro que el de la Enseñanza y el de trasmitir Sabiduría.
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Hasta
el 20 de febrero de 2012, de martes a viernes de 12 a 20 horas y
sábados, domingos y feriados de 10 a 20 horas, en Museo de Artes
Plásticas Eduardo Sívori, Av. Infanta Isabel 555, frente al Rosedal.
FUENTE: http://www.artealdiaonline.com/Argentina/Notas/Leo_Vinci








